En el día de ayer, Ana Weinstein, sobreviviente del atentado a la AMIA, estuvo en Uruguay para dar su testimonio y su mensaje sobre lo ocurrido el 18 de julio de 1994, cerrando la jornada con un acto en la Sala Bregman de la Kehilá. Previamente, Ana realizó un recorrido por distintos medios de comunicación.

Primeramente fue entrevistada en el programa Desayunos Informales de Canal 12 por los periodistas Nicolás Batalla, Analía Matyczik y Leo Haberkorn.
Este es un resumen de sus palabras:
A 28 años del atentado contra la AMIA: sobrevivientes reclaman justicia
El próximo 18 de julio se cumplen 28 años del ataque terrorista que sufrió la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), en Buenos Aires en 1994. Hubo 85 muertos y un centenar de heridos. Desde ese día, todos los años en Argentina se hace un acto de conmemoración, que recuerda a quienes se fueron y quienes están.
Vine a Uruguay a exponer esta situación, que si bien son 28 años pero explotó una bomba en un edificio que era de la comunidad judía dedicada a promover una vida mejor a sus socios insertados en la sociedad argentina. Alguien tuvo que planificarlo, otros tuvieron que financiarlo; queremos exponer eso, y por sobre todo la falta de justicia llevada a efecto. Están las pruebas pero no han llegado a ningún juicio que determine su culpabilidad.
Yo trabajaba en AMIA hacía bastante tiempo. Era directora de un centro de documentación e información sobre judaísmo argentino. Era muy concurrido porque hay mucha inmigración en la Argentina. Teníamos todos los documentos, archivos, testimonios y fotos. AMIA cumplía 100 años, un siglo, era muy conmovedor, era una fecha que había que celebrar, y me designaron coordinadora de esa celebración.
Tenía dos oficinas. AMIA tenía dos edificios, y yo tenía una oficina en cada una de ellos. Ese día me tocaba trabajar en la celebración del centenario. Y como todos los lunes entramos a la AMIA, como va a ser lunes este 18. Sa ludamos a las personas de seguridad, subimos al segundo piso. Fui hasta el fondo, donde estaba la impresora. En el momento que me senté, se oscureció todo. Empezaron a caer pedazos, empezamos a gritar. No sabíamos, no nos dábamos cuenta, explotó el gas. Estábamos aterrados. El cebero se paraliza, hay algo que no permite entrar la realidad que estamos viviendo. Alguien dijo: «Tírense al piso». Lo hice pero no podía respirar. En mi cabeza tenía a Mirtha, que había quedado adelante. Tenía tres niños chiquitos. Cuando instintivamente quería ir para allá, alguien me agarró la mano y me dijo: «No sigas, no hay más piso donde pararse».
En ese caos, se encontró una puerta que era de emergencia, en la oscuridad. Pero abrir esa puerta nos salvó. Porque el aire ya estaba irrespirable, mucho polvo. Esa puerta nos llevó a un puente que subí a la terraza del edificio. Pero estábamos siempre mirando el fondo. Cuando nos dimos vuelta y vimos lo que estábamos viendo, ahí empezamos a gritar, porque el edificio se estaba derrumbando: «Bomba, otra vez otra bomba», haciendo referencia a la bomba que dos años antes estuvo en la embajada de Israel, que destruyó el edificio.
Cada uno estaba en sí mismo pero también mirando al rededor. Ahí arriba, en esa azotea una jovencita con un bebé amamantando. Lo reconocí mucho tiempo después la importancia, porque yo sentí que todavía había vida. Esa criatura se había salvado. Eso me dio coraje de decir «no me voy a dejar matar». Cuando salimos yo entendí que no podía paralizarme, que voy a seguir trabajando en AMIA, voy a seguir haciendo las cosas que hacía, que quiero mi vida.
Yo soy hija de sobrevivientes del holocausto, y para mí fueron un modelo de que a pesar de todas las circunstancias terribles de lo que significo el holocausto, y que mi mamá me vino a ver después del atentado, me dijo: «Yo nunca pensé que a una hija mía también iban a perseguirla por judía». Ella pensó que después del Holocausto el mundo íbamos a entender que ese horror, ese deseo de matar al otro, se había terminado. Pero evidentemente no fue así.
Cuando salimos, nos empezamos a organizar y decidir dónde nos íbamos a reunir la gente de AMIA a los cientos de personas que venían a preguntar por sus familiares. Ahí empezó también un movimiento de voluntarios, chicos jóvenes que se pusieron a disposición para mover escombros, para encontrar cuerpos. Estos fueron 10 terribles días en los cuales los familiares estabas esperando que le den la buena o la mala noticia. Ahí estaba Mirtha. Cuando llegaron sus hijos, los llantos, pero insisto en que para mí fue muy importante decidir no paralizarme, no me voy a ir de AMIA, voy a seguir. Voy a trabajar no solo en AMIA sino por la convivencia, por el respeto al otro. Yo siempre le digo a los niños en las escuelas que el odio, aunque sea chico, de burla, puede llegar a extremos, como poner bombas para matar.
El recordarlo, el exponer estos sentimientos y valores, sigue siendo para mí algo importante.
La impunidad de los responsables del ataque terrorista
Es un tema que no puedo aportar excepto la indignación que tengo, porque una sociedad sin justicia no es una sociedad completa. El reclamo es permanente. Lamentablemente han pasado todos estos años, todos los diferentes gobiernos, y este tema no ha sido resuelto. Reclamamos justicia.
Esto es un tema internacional, porque hay personas que están por INTERPOL designadas como personas que hay que detener para llevarlos a la justicia. Ahí hay algunas preguntas que uno puede hacerle a esos países donde estas personas se movilizan libremente.
La falta de justicia hiere no solo a los afectados, también como ciudadanos de la ciudad de Buenos Aires, como argentinos y al mundo, cómo un atentado así, sabiendo quiénes fueron, no los lleva la justicia. Es con esta indignación que seguimos reclamando. Es una frustración. Tenemos límites como personad y no somos los que tenemos que decidir, pero el reclamo es permanente.
Yo realmente me propuse no paralizarme pensando que puede suceder de vuelta. Por supuesto, cuando llego a la esquina de AMIA, pienso en eso. Pero no lo paso con dolor, o horror, o con expectativa de que vuelva a suceder. Las medidas de seguridad existen, uno sabe que a veces son inútiles pero no vivo pensando en que eso vuelva a ocurrir; vivo pensando tratando de hacer entender a los que me entrevistan, hay muchos jóvenes que vienen al centro de documentación de la AMIA para ver documentos de la bomba, hay miles de fotos y testimonios, que entiendan que poniéndose del lado del odio genera toda esa maldad, todo ese dolor, todos estos 28 años llorando por las 85 víctimas.
¿Cree que el ejemplo a aplicado en la sociedad argentina?
Veo conexiones más cercanas entre diferentes grupos. Muchas veces este suceso es tomando en el diálogo diario como algo de «que no vuelva a pasar lo de la AMIA». Es algo que está instalado. Ahora es el reclamo en las calles, muchas personas se acercan a la sede, los medios están hablando del tema. Que está vivo el dolor, el repudio y el reclamo.

Después fue entrevistada por el periodista Carlos Ríos del Diario El País, para una nota que se publicará en los próximos días.

Posteriormente, estuvo en el programa 12PM de Azul FM, con el periodista Pablo Londinski (quien conduce junto a Magdalena Correa). La entrevista se puede escuchar en el link https://azulfm.com.uy/12-pm/entrevista/anita-weinstein-sobreviviente-del-atentado-de-la-amia, y también la entrevistó para DNews Uruguay.

A posteriori estuvo en el programa Al pan pan, en Sarandí 690, con Sergio Puglia y Ana María Mizrahi.
Aquí un resumen de su participación en Sarandí 690
Ana Weinstein, sobreviviente del atentado a la AMIA: «Fue dramático ver los escombros que seguían cayendo y los gritos de la gente que estaba debajo»
Todo lo del atentado está «detalladamente investigado y publicado; falta la justicia, hacer justicia», dijo Weinstein.
Este año se estarán cumpliendo 28 años del atentado contra la AMIA en Buenos Aires. Ana Weinstein es socióloga, directora del Centro de Documentación sobre Judaísmo Argentino y una sobreviente, que se encontraba en el lugar al momento de la explosión.
«Fue dramático ver los escombros que seguían cayendo y los gritos de la gente que estaba debajo», contó en el programa. Según dijo, levantarse e ir hacia una impresora unos segundos antes de la explosión fue lo que le salvó ese día.
«Tardaron diez días en encontrar hasta el último cuerpo», señaló Weinstein, quien asegura que todo lo del atentado está «detalladamente investigado y publicado; falta la justicia, hacer justicia».
«El odio tan grande que te lleva a quitar la vida no puede ser tolerado, tenemos que trabajar para encontrar puntos de encuentro y de convivencia», reflexionó Weinstein.

Cerró la jornada siendo entrevistada por Martín Natalevich para el programa Otra Mirada, de Canal 4 Montecarlo.